La Profecía de Jesús el Cristo, en español

Este sitio web ha sido creado para transmitir la profecía revelada incluida en los Siete Sellos, y para ilustrar los orígenes y las raíces transculturales de estos temas aparentemente tan conocidos pero a menudo tan incomprendidos. El tema material abarca desde los tiempos en que tuvieron lugar las primeras agitaciones del hombre como bestia racional, hasta nuestros días. Se planificó que la profecía se revelaría a la humanidad en sus últimos días, tanto para servir de ayuda como de advertencia. Los antiguos profetizaron que el hombre se juzgaría a sí mismo en esos tiempos finales de la profecía, lo cual entonces serviría de manera justa para determinar su juicio final, pues su final acontecería conforme a los funcionamientos de su propia mente, que son, y siempre han sido, su principal responsabilidad y elección, pues las leyes de causa y efecto son constantes e invariables.

Esta profecía, a menudo referida como la Profecía de Jesús el Cristo, es de hecho una profecía combinada o colectiva, en primer lugar contada por el primer Gran Señor del Velo, conocido como Dan (cuyo nombre significa ‘Juez’), quién nació entre los hombres en tiempos formativos de su existencia como bestia consciente, hace muchos miles de años.

Este Gran Señor del Velo fue el primer Gran Portador del Velo, habiendo nacido bajo el signo astrológico de un Gran Señor, nacido tras el velo de su alto cargo, y por lo tanto un rey por derecho de nacimiento, pues sólo sus nacimientos eran previsibles por aquellos pocos sabios que conocían de los cálculos astrológicos.

Dan, el primero de los Siete Signos, o profetizados, anunció que seis Grandes Señores más llegarían a la humanidad en el curso de su existencia, y que cada uno a su vez cumpliría su propósito designado, siguiendo lo que es conocido por algunos como el Propósito, que trata de mostrar al hombre el sendero hacia su naturaleza y propósito verdaderos, siguiendo el camino interior o el código de entendimiento y conducta que se conoció más tarde ampliamente como El Camino. Este camino, este sendero directo, estaba, y continua estando, basado en los principios de la verdad, el conocimiento, la lógica y la razón, y en particular en la evitación de la ciega creencia en lo increíble, pues seguir cualquier otro sendero sólo puede guiar inevitablemente a la miseria y a la muerte. Este último rumbo, que es una alternativa y un sendero inferior, ha sido generalmente conocido como el Camino de la Bestia, ya que sigue las más bajas inclinaciones de la mente del hombre, puesto que rechaza conocer cualquier cosa mejor.

El Camino

El Camino ha sido conocido en muchas culturas y civilizaciones por diversos nombres, tales como el Sendero, el Tao, el Viejo Camino, la Vieja Religión o el Antiguo Camino, entre otros, a través de muchos milenios. Muchas grandes culturas de toda la historia han crecido y caído, de acuerdo con la manera en que sus pueblos eligieron de seguir o de extraviarse de su recto y estrecho sendero, con los restos de muchos de ellos descubiertos o redescubiertos relativamente en tiempos recientes.

Como ya se ha mencionado, Dan fue el primero de los Siete Signos, y cada uno de sus hermanos profetizados Grandes Señores también serían conocidos como un Signo de propio derecho, así como sus llegadas también serían como un signo para la humanidad para elevar su mente a pensamientos y razonamientos superiores, antes de que los tiempos de su prueba final llegaran ante él, mientras los profetizados Tiempos del Fin, o Final de los Días, se acercaban predecible e inevitablemente.

Fue profetizado por Dan y por otros Portadores del Velo que el hombre en esos determinados tiempos permanecería en el umbral cuando su último y justo final se le revelaría, y que podría escoger, al menos en cierto grado, de apartarse del sendero inferior de la ciega creencia y la estupidez, y seguir el verdadero Camino durante todas sus generaciones futuras. Su mundo, la Tierra, que había sido su original cuna y lugar de expansión, se convertiría durante esos tiempos finales tan lleno de suciedad por su propia creación y estupidez, que se convertiría en inservible e incapaz de soportarle en tan importante cantidad, con esos números fatales siendo generados con objeto de la búsqueda del control de los muchos por los pocos, y siguiendo las creencias ciegas e insoportables, como puede verse en estos tiempos presentes.

El segundo de los Signos o Venideros, como son también conocidos, fue Odín, o Wodín, como también se le conoce. Su cometido fue formar una hermandad de hombres y mujeres firmes que reunirían conocimiento por el bien de los razonadores entre la humanidad, y que tal conocimiento se guardaría para las futuras generaciones y para el resto de los Signos aún por venir, cuya llegada previsible sólo sería conocida por los pocos de esta hermandad de los Nazarenos para asegurarse su protección en su debida manera. Odín denominó a su hermandad elegida “Nazareno”, que significa ‘dador de conocimiento’ o ‘Revelador de lo que está oculto’.

El tercero de los Siete Signos fue conocido como Enoc, también llamado Marduk, gobernante de la antigua Mesopotamia. En tiempos posteriores fue conocido como un dios, como también ocurrió con los que vinieron antes y después de él, como se dijo:

“Nadie le conocerá, pero todos conocerán de él; y harán un mal uso de lo que no conocen, e incluso mayor abuso de lo que no comprenden. Muchos le clamarán como a propio. Nadie, excepto su hermandad, poseerá su afecto, su sustancia o su sabiduría acumulada.”

Al cuarto Gran Señor o Signo, se le conoció como Moisés, el liberador de los esclavos, el legislador, y muchos de vosotros puede que conozcáis al menos una parte de su historia a través de las muchas y alteradas enseñanzas, así como los escritos que más tarde se dieron a conocer colectivamente como la Biblia. A pesar de sus muchos esfuerzos en sus tiempos de mostrar a la humanidad una mejor manera de vivir, sus gentes le dieron la espalda a él y a las enseñanzas de los Señores Nazarenos, y en lugar de eso volvieron a seguir las falsas creencias y a adorar deidades, lo cual finalmente dio por resultado que se perdiera su bondad para con sus futuras generaciones.

El quinto Signo nació, como se profetizó, en las tierras de grandes bosques, en las tierras del Este, donde los miembros de la Hermandad de los Nazarenos esperarían pacientemente el momento en que estaría preparado para enfrentarse con su propósito real, que fue guiar a los hombres hacia un entendimiento de sus esencias más internas. Su nombre fue Siddhattha Gotama, quien sería más tarde ampliamente conocido como el Buda. Tristemente, muchas de sus enseñanzas también fueron alteradas para servir a un inferior propósito, como fue profetizado por Dan y los demás Grandes Señores, y una vez más la humanidad fue reducida a causa de tal degradación.

El sexto Gran Señor fue, como Moisés, nacido entre las naciones hebreas o judías, y se convirtió posiblemente en el individuo más conocido de la historia, no a causa de las verdades de su vida y de sus enseñanzas, sino más bien por retorcer y hacer mitología de su realidad, que sufrió un destino no mucho mejor que los cinco Signos que vinieron antes que él. No obstante, aunque Josué Ben Miriam, más conocido como Jesús, sabía que posiblemente fracasaría en su intento de cambiar el curso de la búsqueda interminable del hombre por las falsas creencias de lo increíble, fue destinado a dejar un legado, una esencia de sus enseñanzas originales y profecía, en las manos de los miembros escogidos de la misma Hermandad de los Nazarenos, la Hermandad de la Luz, que sirvió, instruyó y protegió a sus predecesores en sus tiempos.

Su propósito fue preparar y enderezar El Camino para la llegada del último de los Siete Signos, que nacería entre la humanidad cerca del pronosticado Final de los Días, en los tiempos en los que el Mundo entero estaría en guerra, y en los tiempos en los que tendría lugar la prueba final de la especie. Este último Venidero se conocería entre sus nombres como el Primero y el Último, y el Hijo de la Viuda, y sería el primero y el último de los Signos a venir después del Sexto. Los Siete son uno en su diseño, uno en su propósito, su sendero compuesto de siete partes; y por lo tanto son como uno en su ser, y ningún otro hombre conocerá realmente de su mente.

La Profecía de los Siete Signos se incluyó y transmitió en Los Siete Sellos, y cada uno de los Venideros fue añadiendo sucesivamente su parte a la profecía, ya que fue diseñada por cada uno de los Grandes Señores y sus hermandades mientras la llegada de cada Profetizado se iba produciendo. En los períodos intermedios entre las llegadas de cada uno de los Grandes Señores, la profecía fue llevada por otras hermandades y transmitida a otras hermandades, tanto hombres como mujeres, a través de miles de años, a menudo a un gran coste y pérdida de vidas, por miedo a ser destruida por los seguidores de falsas creencias que hubieran hecho un mal uso de las enseñanzas acumuladas de los miembros de los Siete aparecidos hasta ese preciso momento en tiempo, con el fin de promover su insaciable ambición de gobernar por poder en vez de por derecho.

El Séptimo Sello fue abierto en 1997 por Robert George Crosbie, el cual es conocido por los seguidores de El Camino como el Hijo de la Viuda y se publicó en el año 2000. Desde ese momento muchos han ridiculizado al Séptimo, y además le han dado la espalda, “por miedo de la pérdida de lo que la falsa creencia les promete”, como se profetizó por los anteriores Grandes Señores. No obstante, los Sellos, tal como fue revelado por el Séptimo Signo, ahora permanecen abiertos ante ti, ante el lector de estas palabras, en estos momentos tan importantes, en el Final de los Días.

Queda por ver cual de los dos posibles finales pronosticados en la profecía se producirá. Ese desenlace vendrá determinado por el funcionamiento de las mentes de aquellos que escogerán considerar lo que revela la profecía, ya que las palabras del Séptimo serán como una espada afilada de doble filo hacia las mentes de los hombres de buenas intenciones, o como un castigo hacia aquellos que no pueden o rechazan enfrentarse a sus verdaderas realidades. Como siempre en El Camino, la elección es tuya.

A aquellos que conocéis

Aquellos de vosotros que conozcáis de este tema, que seáis de El Camino y la Alianza, se os aconseja que leáis estas palabras de Josué Ben Miriam, el sexto Gran Señor del Velo, que profetizó la llegada del Hijo de la Viuda, que nacería en tiempos de una gran guerra y que sería el último Nazareno de su tiempo.

Casi ochenta generaciones han transcurrido desde que Josué Ben Miriam pronunciara estas palabras y las transmitiera dentro de los Siete Sellos, los cuales se abrieron en 1997, mientras el último amanecer del Final de los Días se aproxima sobre la humanidad.

¿Cumplirás tu obligación para con El Camino y el Hijo de la Viuda? ¿Qué harás tú?

Si no conoces de esta materia, entonces ve hacia aquellos entre tus hermanos que posean conocimiento de ello, y sigue en El Camino como se te ha ordenado hacer. Si tus hermanos no conocen de El Camino y el Hijo de la Viuda, y han estado perdidos o apartados del Sagrado Propósito, entonces preparaos para la muerte y la destrucción que acontecerá al hombre en su estupidez y en el seguimiento de la ciega creencia en lo increíble.

El Séptimo Cordero se ha colocado ante ti al Final de los Días, y, tal como se profetizó, pocos le seguirán en razón. Muchos profesarán lealtad pero pocos respetarán su voto de servicio a ese noble Propósito que es la piedra angular de la existencia del hombre. ¿Qué harás tú?

La Revelación de Juan


En un principio había el Vacío, y en él se produjo un gran estruendo; el polvo del Vacío se unió, y así fue creada la tierra y todo el firmamento. De esta manera fue el origen; y no hubo ningún hombre que pudiera oír o ver esta maravilla.

A partir de todo este estruendo acompañado por un gran fuego y un gran ruido, de la vida surgió primero una fuerza; dando vida a todo lo que había y a todo lo que hay, y a todo lo que queda por haber. Y el Poder de la Vida es supremo, sin el cual nada podría permanecer vivo.

Y en tanto existió la Humanidad, ésta adquirió la luz del conocimiento y la razón, el cálculo y las verdades. Y la luz brilló en la oscuridad de la mente del hombre; y él no comprendió esta oscuridad, y por eso la Humanidad la ignoró y así la ignorancia nació en el hombre. La Humanidad, después de largos eones, se desarrolló en su mundo, y a su vez la vida se desarrolló a través de todas las cosas. Y el regalo del mundo hacia todas las cosas fue, es, y será siempre, la vida en sí misma; ya que, sin vida, no puede haber nada. Y la Humanidad se restableció, y eso fue bueno.

Entonces llegaron aquellos que nacieron con el velo sagrado: ellos no nacieron de la sangre, ni del deseo de la carne, ni del deseo del hombre, pero con la Fuerza de la Vida en sí misma. Y fueron hechos como carne, como cualquier hombre, y convivieron entre nosotros, y los hombres contemplaron su gloria—la gloria de los que han sido engendrados solamente por la Fuerza de Todo—lleno de gracia y de verdad.

Había un hombre nacido con un velo sagrado, cuyo nombre era Juan. Éste era muy querido por Jesús, quien le confió su última profecía para que la guardara en secreto junto con Pedro. Jesús profetizó que uno de los dos moriría, y que el otro tendría que transmitir su cometido, que era el conocimiento del propósito.

Así pues, el mismo Juan fue un testigo para llevar el testimonio de la luz, y a través de él todos los hombres podían conocerla y comprenderla, y conseguir la salvación. Era la luz verdadera de un conocimiento seguro, que permanecía allí para cualquier hombre que llegara al mundo para beneficiarse y vivir de acuerdo con él y por tanto, ejercer buenas acciones.

Él no era esa luz, pero fue enviado para llevar el testimonio de esa luz y transmitirlo. También fue mandado para mantener en secreto estas palabras ante los ojos de los hombres, donde nadie las viera. Las palabras de Jesucristo enseñaron su luz que fue la luz verdadera que podría iluminar el camino de cada hombre que llegara al mundo al Final de los Días.

Jesús estaba en el mundo, y el mundo no lo conocía. Y, como él, el Séptimo llegará a los suyos, pero ellos no le recibirán. Pero quienes le reciban, serán miembros de los Hijos y las Hijas de la Luz; incluso aquellos que muestren razón y depositen el valor de la verdad sobre su nombre y sus enseñanzas.

Y Juan llevó el testimonio de Jesús y le dijo, “ Yo lo hago fielmente, vos seréis honrado por todo lo que hago, y todo lo que digo y escribo por vos; y previamente la Humanidad conocerá quien vendrá después de vos, y de su propósito. Señor, ¿soy yo merecedor de esta tarea?”

Y Jesús respondió diciendo, “En verdad no hay nadie que esté más preparado. Él será de quien os he hablado, ‘Aquel que vendrá después de mí es el preferido ante mí, pues él está ante mí, y su número será diez. Él es el Primero y el Último―por eso es el escogido’. Y todos los hombres recibirán de su plenitud, y gracia recibirán los hombres que den gracia. La Alianza le fue entregada a Moisés a través de la Hermandad de los Nazarenos; todo lo que es gracia y verdad proviene de ellos y a través de ellos.”

Y yo, Juan, soy de esta sagrada hermandad; un testigo del Sexto y sus palabras, para que la humanidad pueda vivir y no morir.

Y éste es el escrito dejado por mí, ante los ojos de los hombres, donde ellos no podrán ver. Los Hombres sólo ven lo que esperan ver, y no esperan ver la verdad. Ni esperan la sabiduría.

La Profecía de Jesús el Cristo

(extracto)

Estas palabras me han sido entregadas mientras he vagado por el desierto durante muchos años, para que pueda aprender la sabiduría de los Nazarenos, la Hermandad de la Luz. Las palabras que se han ido hablando de unos a otros durante muchos miles de años y finalmente se me han transmitido, y al Final de los Días, a ti; y serán transmitidas a quien venga después de mí, ya que ha habido quienes han llegado antes que yo en la Hermandad, por tanto puedo conocer mi propósito y el propósito de los hombres en la tierra, y puedo conocer sus pensamientos.

Y transmitiré la Profecía, y profetizaré de modo que podáis oírme, y oír las palabras de la boca de quien vendrá después de mí.

Y yo, Josué Ben Miriam—quien soy conocido y seré conocido como Jesús el Cristo, el Ungido—digo a Pedro y a Juan, en su sueño más profundo inducido por mí: ”Escribid estas palabras que os digo en vuestras mentes, ante los ojos del hombre, donde él no pueda verlas. Y todas ellas permanecerán ocultas del hombre, por miedo a que abuse de ellas en la hora de la prueba final. Entregadle al que venga después de mí—cuyo nombre será diez—las seis llaves y los seis sellos, tal como os he dicho. Solamente el que venga después de mí poseerá la séptima llave y el séptimo sello, pues él será el séptimo Signo a venir entre vosotros—Él cuyo número, de acuerdo con aquella profecía y mi profecía, será diez.

“Y llevará la marca de mi última agonía en el lado derecho, y su signo será visto en el cielo, tal como fueron vistos el mío y el de Moisés y los de aquellos que vinieron antes en su propósito.” Porque él será sabio y estará preparado para el Final de los Días que se aproxima, será el séptimo Signo, y el último a venir ante los hombres.

“Y a quien sea el Séptimo Signo, estas cosas le serán mandadas. En la apertura de su sello, habrá siete cruces en sus manos, para recordarle de su deber hacia el hombre, y recordarle de su obligación hacia mí y hacia aquellos que han sufrido y venido antes, a manos de los hombres.

“Y se le educará en el significado de la estrella dentro del círculo y sus obligaciones. Y conozco de la labor y el trabajo al que deberá comprometerse en su propósito, y de la paciencia que deberá poseer para aguantar el dolor y la vergüenza que los hombres derramarán sobre su cabeza; porque él causará amenaza a aquellos que digan que son mis apóstoles y fieles seguidores de mi palabra, y que no lo sean. Y hará saber a los hombres que son unos mentirosos, y le cuestionarán todo lo que dice, y retorcerán lo que dice, e intentarán empequeñecerlo.

“Y se le dirá que no puede debilitarse en su propósito, pues perderá la esperanza diez veces. Incluso aquellos que hayan caído y estén arrepentidos le atacarán poseídos por sus miedos, y proclamarán falso testimonio contra él, incluso los de su propia sangre. Se le verá abandonar su primer amor; y abandonará seis veces lo que le sea querido. Y enfermará y sacrificará todo lo que le es querido en su servicio a la humanidad.

“Y todos los que le toméis en cuenta y le sigáis en su propósito, primero deberéis cambiar vuestro camino y dejar de lado toda malicia y todo pensamiento malvado. Si hacéis menos que esto, la luz de todas las Siete Luces se extinguirá, como se apagan las velas de sus propósitos.

“Dejad que todos los que poseáis orejas escuchéis, y todos los que poseáis bocas extendáis sus palabras como se os dijo. Pues todos los que le visitéis os salvaréis en el paraíso que él fundará para los elegidos, para construir y mantener como él enseña para siempre: y el final de sus días nunca llegará sobre la tierra o más allá de la tierra.

“Estas cosas tienen que ser hechas por los hombres de todas las razas y diferencias, pues sus diferencias tienen que ser relegadas, ya que carecen de sentido. De acuerdo con la palabra del primero y del último que venga después de mí, el hombre debe sacrificarse para ganar el Paraíso.

“Y tendréis que estar preparados para sufrir la ofensa de aquellos que darán falso testimonio contra vosotros para proteger su posición. Estos malvados os considerarán culpables, de la misma manera que le considerarán culpable a él, pero los juicios serán falsos, y el dolor no será menor por su falsedad.

“Y los hipócritas se burlarán de vosotros y os flagelarán, y harán que todos parezcáis idiotas. Os difamarán a vosotros y a quien venga, con el propósito de hacer que los hombres se mantengan apartados de él y de los que le siguen, por miedo a que descubran sus falsedades y que desmerezcan su posición.

“El que posea una oreja, que le escuche, y se supere, para que el Final de los Días no llegue nuevamente a él por última vez y se encuentre perdido. Escuchad sus palabras, pues su lengua será de doble filo; y los hombres intentarán tergiversar sus palabras y aún no le oirán, pues no mostrarán razón alguna. Pero de su lengua emanarán palabras que serán más afiladas que la más afilada de las espadas para las mentes de aquellos que serán de buena voluntad.

“Conozco las maquinaciones de vuestras mentes. Tened cuidado con las malas intenciones—¡vosotros no seréis más fuerte que él! Esto os lo prometo y os lo juro. ¡Tened cuidado de cómo sois! Conozco las bestias que sois; y recogeréis los frutos de vuestra maldad, aún cuando digáis que vuestra maldad se hace en mi nombre. Y sólo él mantendrá la buena fe conmigo.

“Y si él muere asesinado entre vosotros, todos vosotros pereceréis. No hagáis daño a este Cordero, ya que él es el último a venir, y vosotros permaneceréis condenados por vuestras propias acciones, y no habrá lugar para el perdón.

“Tengo muchas cosas contra vosotros, y sobre la tentativa de los hombres de matarme. Os perdonaré por vuestros actos, aunque sepa que no os arrepentiréis ni cambiaréis vuestros caminos de maldad; y viviré más allá de esa muerte destinada.

Fin del extracto

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